Un decir de la movida cultural

Sí, es cierto lo que comentan algunos que saben del arte y la cultura en nuestro medio. Que no existen muchos espacios para las expresiones artísticas o si las hay estas por lo general están realmente copadas y es casi imposible acceder a ellas. Sí, es cierto que existe una marcada desventaja entre los artistas con una trayectoria destacada y los jóvenes talentos que se tratan de abrir espacios en esta espinada caminata. Sí, es cierto que para llegar a ser un artista consagrado hay que nomás quemar todos los cartuchos, aunque a veces se vaya la vida en ello. Sí, es cierto que sociedades como la nuestra lamentablemente tienen bajos índices de consumo cultural. Sí, es cierto que hay toda una juventud ansiosa de hacer, ver y sentir arte, pero muchos quedaran en el camino, y aunque este pedazo de realidad quede manifiesto, quizás así debe de ser.

Pero qué pasaría si se dieran mayores espacios para la cultura,  si se pudiera tener mejores posibilidades de acceso, si los artistas consagrados no miraran a los jóvenes tan solo de palco, si los jóvenes no soñaran en ser como los grandes, sin darse cuenta de que de lo que se trata es de construir su propia historia cultural y simbólica, si las leyes comprendieran a cabalidad la importancia de la existencia del mundo cultural y artístico, pero quizás esto tampoco nunca pase, y quizás esto también así debe de ser. Por tanto, es necesario dudar.

No porque los espacios crezcan o las distancias entre unos y otros se achiquen, las mentalidades van a cambiar, eso es muy raro, se responde la pregunta. La existencia de instituciones según dicta la tradición, es sinónimo de soluciones a los problemas de cualquier sociedad y su acápite cultural. Estamos acostumbrados a que las instituciones nos brinden esa seguridad que desde hace bastante tiempo atrás se ha perdido.

El problema es que las instituciones las manejan dos entes que desde ya dejan mucho que desear. Por un lado las normas y las leyes, capaces de adjudicarse la voluntad del grupo demarcando las reglas de juego para todos, pero el problema de esto es que hablar de leyes no es hablar de justicia, y en esas circunstancias esta deja de ser válida para aportar a la cultura, por el otro, están las personas inmersas en la institución desde el manejo de ésta hasta el receptor de las mismas, ahí radica el problema, las personas son volátiles, se mueven por intereses o por presiones, o lo que es peor por mera ignorancia que los lleva a creer que su receta es la receta para todos. Si ambos desconocen las potencias del aporte cultural,  esta se convierte en un pastiche donde solo la moda y el glamour cobran una imaginaria fuerza momentánea.

Quizás la cultura es la única “entidad invisible” que realmente transforma las sociedades, pero mientras no se la entienda, mientras se la utilice como catapulta para ambiciones personales, mientras la política la invada, mientras algunos crean que ya por hacer algo ya lo hicieron todo, pues la movida se pone cuesta arriba. ¡Soluciones! Todos buscan soluciones, pero no entienden que no se trata de buscar soluciones, se trata de estar constantemente cuestionándose sobre qué es la cultura y hacia dónde va, pero no como una moneda o una meta, porque ahí si estamos fregados, el cuestionar y cuestionarse debe ser en todo tiempo, se trata de estarse reinventando con cada momento en una espiral que casi sin mostrarse… transforma.

Franz Huanca – Voluntariado La Troje